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sábado, 29 de abril de 2017

APARECEN NUEVOS CUENTOS DE ESTAMPAS DE ALDEA


En una reciente visita a Pablo de Andrés, nieto de Cobos, para rebuscar en su archivo, aparecieron tres maquetas de Estampas de aldea. Eran textos mecanografiados en folio, con el texto completo del libro editado en 1935.

En un rápido vistazo a su contenido hubo algunos detalles que no pasaron desapercibidos: el prólogo que incluye está firmado por Juan José Domenchina y es un extracto de la crítica que Domenchina realizara de Estampas de aldea en los lejanos días de 1935, publicada en el periódico La Voz.

Este detalle significa que algún momento Cobos intentó una edición posterior a la de 1935 y que esto debió producirse después de la Guerra Civil.

Otra sorpresa fue ver incluido en el índice el cuento titulado El huerto del tío Gorión, que fue incluido como anexo en la reedición conmemorativa de Estampas de aldea. El original nos lo facilitó Soledad de Andrés con la referencia de 1910 como el año al que aluden los hechos descritos en el texto. La fecha de redacción sigue siendo un misterio.

Así que revisé los tres ejemplares y de uno de ellos cayeron dos hojas de papel mecanografiadas de entre sus páginas. En un delicado papel, Pablo de Andrés Cobos ofrece la publicación Estampas de aldea para una nueva edición. Y siempre posterior a 1967, por los datos que aporta el documento.

Cobos, en sus últimos años de su vida intentó reeditar Estampas de aldea. No sabemos si hizo contactos con editoriales, pero al menos estas maquetas demuestran lo avanzado de la iniciativa.

Ya con más tranquilidad, los hemos revisado y cotejado con la documentación de Estampas de aldea y vemos que esta edición incluía 4 cuentos añadidos con respecto a la edición de 1935. Entre paréntesis apuntamos el bloque al que pertenecen:

- 13. El tío Gorión y su huerto (II. Los Chicos).
- 15. El tío Espabilao (II. Los Chicos).
- 5. El podón y el hacha (V. Las tareas).
- 6. El álamo negro (V. Las tareas).

Además hay un cambio de nombre: el cuento La de los dedos rosados pasa a titularse La mañanas de mayo.

Así que terminamos el mes de abril con una buena noticia de la que tendreis cumplida información.







Índice del proyecto de reedición Estampas de aldea. Archivo Pablo de Andrés




Documento proyecto reedición Estampas de aldea. Archivo Pablo de Andrés.




martes, 1 de marzo de 2016

PABLO DE ANDRÉS COBOS: MAESTRO EN LA GRANJA


Esta entrada se basa en el Trabajo de Fin de Máster de Javier Fernández sobre el Orfanato Nacional de El Pardo. Agradezco sinceramente las facilidades ofrecidas por Javier para la elaboración de la misma.



Pablo de A. Cobos, maestro en La Granja (1925-1931)

LO QUE HE HECHO EN MI ESCUELA POR LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS DURANTE LOS TRES ÚLTIMOS AÑOS.

"En La Granja alcancé un rinconcito en donde respirar a gusto, sentí tristeza al partir y me parece que quedan allá florecillas de mi espíritu. Logré vivir y convivir dentro y fuera de las salas de clase. Más fuera que dentro."

...He reaccionado de muy distintas maneras y he vacilado mucho. Cada día menos; va triunfando la conciencia frente a la ley. (Aun así, en el verano de 1929, al encargarme de la dirección de la graduada, me preguntó un inspector, buen pedagogo y buen educador (D. Antonio Ballesteros), ¿qué piensa V. hacer? Y le respondí resueltamente: Comenzar por una escuela de tipo intelectualista).

¿Gracias a qué? Disciplinando lo temperamental y recogiendo experiencia ajena. Gracias a un poco de instinto profesional y a no escasa fortuna. Instinto para preferir, antes de conocerlas, las zonas profesionales en que están las mejores instituciones y los mejores maestros y fortuna que me ha permitido entrar en contacto directo con las unas y los otros.

El año 26, con una pensión de la Diputación Provincial de Segovia, pude hacer un viaje de tres meses para estudiar las mejores escuelas de España y me detuve en "Baixeras" y "La Farigola", "Escuela de Mar" y "Escuela de Bosque", en Barcelona; "La Florida", "Cervantes" e "Institución Libre de Enseñanza", en Madrid. El año veintinueve hice lo mismo en Francia, Bélgica y Suiza. Si algún día llego a ser maestro reconoceré que empecé a serlo con esas pensiones y cifro mi mayor orgullo profesional en merecer la amistad, aunque sea benévola, de los mejores maestros...

...Hay otro aspecto de mi tarea que no me deja tan descontento, que no acusa remordimientos, que no me mantuvo vacilante. Viví y conviví en esa escuela de La Granja que acaso hubiera llegado a ser mi escuela. Hay algo emocional en su recuerdo que me habla de energías consumidas que pueden verse cuajar y de cariño cierto en los niños que mejor me conocieron. Lo mejor de todo esto, fuera de las salas de clase. Cuando nos quedábamos en la escuela con cualquier pretexto o sin ninguno, cuando nos íbamos de paseo, cuando nos encontrábamos en la calle, cuando jugábamos juntos en la Pradera del Hospital, cuando hacíamos excursiones.

Un niño miente y se enfada veinte veces al día en la escuela, pero ni se enfada ni miente cuando juega o va de paseo con el maestro: lee con gusto el libro que él elige y marea a toda la familia hablando de las cosas en que pone su cariño. Entiende mal y responde con torpeza en las lecciones, y comprende bien e interviene correctamente en una conversación particular. Cobarde, insincero e impertinente dentro de la clase; sincero, llano y oportuno en la calle. Y gracias a la calle, a lo extraescolar, los niños de mi grado de la escuela de La Granja fueron manifestándose cada día más naturalmente ante mí.
Algo parecido me ocurría a mí mismo. Todas las ligaduras que sentía dentro de la clase quedaban rotas en cuanto me veía sin el trágico y concreto deber delante de los ojos. Y ahora, sí; sin vacilar, sin reparos, seguro de mí mismo, me entregaba a las reacciones naturales. Si mi saber me ha dado muchos temores, mi conducta me dió muy pocos y hasta me parece que ha valido siempre como ejemplo.

Y para esto, para buscarme un rincón dentro de aquella escuela, para vivir y convivir a mi gusto con aquellos niños, para resarcirme de aquel pesar de los programas y las lecciones, hice lo mejor de todo lo que de mí ha quedado en La Granja: una sociedad escolar infantil. Los niños de diez años, con una cuota de diez céntimos semanales, lograron algo esencialmente práctico y mucho de la categoría de lo espiritual imponderable. Una biblioteca; excursiones a Segovia, Ávila, El Escorial, Coca y Santa María de Nieva, Sepúlveda, Pedraza y Turégano, Riofrío; material para juegos deportivos. En otro orden: convivir entre sí por las comunes preocupaciones, con las niñas y conmigo, y algún hábito de autogobierno. Para la escuela lograron la simpatía de los padres, que por primera vez, me parece, se dieron cuenta de que la escuela era un ser vivo.

Gracias a todo esto, cuando los niños se cruzaban conmigo me decían adiós agitando la mano y abriendo la sonrisa y se les olvidó besar la mano, quitarse la boina y ceder la acera.

OBSTÁCULOS QUE HE ENCONTRADO PARA REALIZAR MI LABOR Y COMO LOS HE VENCIDO:

Hay obstáculos de carácter personal y, entre ellos, la falta de una formación profesional sistematizada. De las condiciones que tengo, las que estimo, se las debo a la ambición y a cierta rebeldía natural que me han salvado de la conformidad con lo definitivamente malo, del estancamiento en lo peor, del rutinarismo. Y me han conducido hacia dos lugares de educación verdadera: la Institución Libre de Enseñanza y la Escuela Cervantes. A estos dos centros les debo yo lo mejor de lo bueno que pueda tener como maestro, y, a la primera, mucho de lo bueno que pueda tener como hombre, por haber podido llegar fervorosamente hasta sus profesores. De unas cuantas conversaciones con el Sr. Cossío, con el Sr. Rubio, con el Sr. Blanco, con el Sr. do Rego y con el Sr. Gutiérrez y de algún trato con el Sr. Llorca he sacado direcciones e inquietudes que me durarán toda la vida. Y no poca confianza en mí mismo.

...Hay otro tipo de obstáculos; los profesionales: local, régimen, material, autoridades... Tienen cierto carácter general que excusa la exposición. Pero es articular mi mala suerte en cuanto a los compañeros, que hago constar por ser cierta. Salvando esta escuela de Barcelona, fué tan mala mi fortuna que solo hallé la ineptitud o la desgana, cuando no una estúpida envidia o una rivalidad totalmente ridícula por necia. Y este sí que es obstáculo fuerte porque no se puede ir a una escuela para reñir todos los días. Yo fuí a La Granja substituyendo a un maestro que sufrió la aplicación del artículo 171 y a colaborar con dos compañeros condenados a uno y dos meses de pérdida de sueldo. Toda clase de escándalos se conocían allí. Y aquí sí que me adjudico un triunfo. Los problemas de la escuela no volvieron a salir a la calle. Fué propósito firme del primer día que mantuve con éxito. Y me pertenece por entero porque ya hay, de nuevo, pública desavenencia.

Otra clase de obstáculos son los genuinamente locales. Podría hablar de estos muy ampliamente porque tiene una psicología muy característica aquel pueblo. Surgió en torno al palacio real y ha vivido siempre de la corte y de los cortesanos. Este vivir les dió una segunda naturaleza, de lacayo perfecto, a sus habitantes; lacayo que se convierte en señor tan pronto como desaparece el amo. Y unas condiciones tan extraordinarias para la mendicidad como para el hambre. La casa real no solo forzaba a los habitantes de La Granja a vida material miserable sino que les reducía a eso todo su vivir, sin espíritu, sin alma, sin conciencia.

Pero yo he escrito un libro para culpar al maestro vencido y no me gustaría hallarme entre tantos ni había de satisfacerme una rectificación. Me agrada mucho, en cambio, poder afirmar que gocé de respeto y prestigio en aquel ambiente tan desfavorable para mi sinceridad, mi indiferencia religiosa y mi socialismo. Aguanté con firmeza la ofensiva de alcaldes, caciques provinciales y obispos y basta mi conducta para mi defensa. Un poco de prudencia y mucha honradez, conducta limpia y clara servida por la inteligencia indispensable, aseguran el triunfo. Pude seguir paseando con los niños y conversando con la juventud sin miedo y sin alardes estúpidos.

Unas palabras sobre la juventud. Me propuse luchar contra el "bar”. Medite un plan para mi clase de adultos, organice una sociedad, hice lecturas y conversaciones, comencé a prestar libros... y no vencí al “bar". Tomé pocas precauciones, se llenó la sociedad de señoritos y me la mataron. Salvé una docena de muchachos que se aficionaron a mis conversaciones, a las lecturas y a caminar conmigo, de cuando en cuando, por la sierra. Intenté resucitar dos viejas aficiones locales: la pelota vasca y la música de cuerda. No lo conseguí. Nos faltó gana y dinero...




jueves, 12 de noviembre de 2015

LAS ESCUELAS RURALES DE SEGOVIA


El reportaje de las Escuelas Rurales de la provincia de Segovia se encuentra depositado en el archivo fotográfico de la Diputación provincial de Segovia. La Diputación permite la difusión de las fotografías con fines estrictamente culturales. Agradecemos la colaboración de Susana Vilches para la realización de esta entrada.


Con motivo de la reedición de Estampas de aldea, obra de referencia de Pablo de A. Cobos y de la renovación pedagógica segoviana presentamos este reportaje de las Escuelas rurales de la provincia de Segovia. Pertenecen a un reportaje de encargo a un fotógrafo desconocido y está fechado en 1929.

Desde aquí queremos hacer un pequeño homenaje al magisterio segoviano, que ya en la década  de los años 20 del pasado siglo estaba a la vanguardia del magisterio español.



Escuelas Nacionales de Carbonero el Mayor, 1929. Autor desconocido. Arnchivo de la Diputación de Segovia.


Escuelas Nacionales de Fuentesaúco de Fuentidueña, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Escuela Nacional de Niños de San Cristóbal de Cuéllar, 1929. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Abades, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Adrados, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Aguilafuente, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de una Escuela sin identificar, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Hontalbilla, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niñas de Bernuy de Porreros, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niñas de Escarabajosa de Cabezas, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.



Interior de la Escuela de niñas de Zarzuela del Pinar, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.

LA MAESTRA DE LA GRANJA. ENRIQUETA CASTELLANOS PEREDA


Agradecemos la colaboración de Javier Fernández Fernández para la realización de esta entrada. Documentación extraída de su trabajo de fin de Máster: La construcción de una casa de huérfanos modélica, el Orfanato Nacional de El Pardo (febrero de 1931- febrero 1934), Máster en Memoria y Crítica de la Educación, curso académico 2012-2013. Univ. de Alcalá. Las fotografías pertenecen al archivo Enriqueta Castellanos.

El blog Arqueología de Imágenes se suma a la celebración por la reedición de Estampas de aldea presentando a Enriqueta Castellanos, maestra de La Granja desde 1925 a 1931.
En el padrón municipal de San Ildefonso de cédulas personales del año 1931 nos aparece el matrimonio formado por Pablo de A. Cobos y Enriqueta Castellanos Pereda, ambos maestros nacionales.

Enriqueta, natural de Madrid, de 29 años, casada y con cinco hijos menores declara que vive en la calle Reina, 4 (antigua casa de los maestros y hoy parte del Ayuntamiento) y que tiene unos ingresos de 3.000 pesetas mensuales.




Retrato de Enriqueta Castellanos Pereda, maestra en La Granja (1925-1931). Archivo Enriqueta Castellanos.

Ella misma nos cuenta su actividad docente en La Granja:

LO QUE HICE EN MI ESCUELA DURANTE LOS TRES ÚLTIMOS AÑOS.

Cuando me sentí responsable dentro de mi escuela procuré ante todo conquistar el cariño de las niñas para lo que no les escatimé el mío, haciéndoles ver en mí no la maestra que riñe y siempre está seria, sino la amiga más segura dispuesta a escuchar en todo momento y a responder a toda pregunta. Y cuando conseguí la confianza de las chiquillas y les hice olvidar el movimiento instintivo de cubrirse la cara si alguna vez levantaba la mano al pasar junto a ellas (tan acostumbradas estaban a los cachetes) sentí cierto contento que aumentó al comprobar el que las niñas experimentaban cuando estaban conmigo. Recordé muchas veces las horas vividas en las colonias y recordando los cantos que allí aprendí quise rememorar aquellas horas y se los enseñé con gran entusiasmo suyo.

Quise enseñarles gimnasia rítmica y alguna danza: conseguí la ayuda de una señorita, mas pronto se cansó y tuve que desistir de mi empeño. En la escuela era imposible por el local deficiente que teníamos, sin otras salas que las clases y sin patio: los ejercicios gimnásticos los reservábamos para los días que salíamos de paseo, los jueves por la tarde cuando el tiempo lo permitía (pocos por cierto). Eran estos días verdaderas fiestas para las chiquillas, poco o nada acostumbradas a que la maestra organizara sus juegos y tomara parte en ellos: celebraban con gran regocijo el hallazgo de alguna piedra interesante o, cualquier mariposa o insecto que sirviera para la colección.

!Y cuánto más provechosa era cualquier lección dada, un día de paseo, que diez hechas en la escuela! Recuerdo siempre la ilusión que despertaba el paseo que solíamos hacer todos los años a ver el origen del Eresma! !Qué bien se enteraban aquel día todas las niñas de cuanto se decía! ¡Cuántos temas de conversación teníamos para días sucesivos! Pero las familias entorpecían esta labor pues consideraban que sus hijas perdían el tiempo cuando en vez de estar cerradas en la escuela salían al campo. Como si éste no fuera el mejor sitio para encontrar cosas dignas de estudio.

En estos paseos siempre nos acompañaba un libro... "Cuando la Tierra era niña", "Platero y yo", "Poesías" de Machado, Gabriel y Galán…. !Con qué interés escuchaban todas y cómo llegaron a saborear la lectura de estos libros! !Cómo lloraban si leíamos la muerte de Platero!

Esta afición por la lectura me hizo pensar en la necesidad de la biblioteca. Pero ¿cómo adquirir libros con la irrisoria cantidad que el Estado daba para atender a todas las necesidades de la escuela si la partida de calefacción consumía casi la mitad de la consignación? No obstante, quise satisfacer la necesidad que aquellas criaturas tenían de la lectura, ellas que casi exclusivamente habían leído las torturadoras lecciones de memoria; reuní unos cuantos libros, comprando unos (los menos) y añadiendo otros míos. Hicieron un pequeño catálogo, nombraron bibliotecaria y auxiliar y muy modestamente comenzó a funcionar la biblioteca. Solo las niñas del tercer grado tomaban libros y quedaban obligadas a hacer un breve resumen de lo leído. Quedé contenta con los resultados pues observé que no solo leían las pequeñas sino que la mayor parte de las veces el libro era leído por toda la familia, que así empezó a interesarse por algo de la escuela. Con estos resultados me encariñé con la biblioteca y procuré por todos los medios aumentar el número de ejemplares llegando a reunir 180. Las bibliotecarias llevaban un cuaderno en que anotaban el título y autor, las fechas de entrega y devolución y el nombre de la lectora, pudiendo verse qué libros eran los preferidos por cada una.

Otra de mis primeras preocupaciones, dada la pobreza del pueblo, fue el funcionamiento de la Cantina escolar: pero si para el de la biblioteca encontré grandes obstáculos económicos, ni que decir tiene que infinitamente mayores fueron los que hallé para la Cantina. Sin embargo, ante la necesidad de lograrla, trabajé sin descanso y la conseguí, teniendo la alegría de poder dar comida sana y abundante a aquellos pequeños para los que el comer en la Cantina era asistir a un banquete constituyendo ésta la única comida seria que hacían en todo el día; y aprendieron a comer con limpieza y a manejar el cubierto. Los niños convivieron con las niñas ayudando los mayores a los pequeños a partir la carne y el pan, a servirse, etc, etc, y se acostumbraron a tratar amablemente a sus compañeras con las que también convivían en los juegos y excursiones.

El funcionamiento de la Cantina me hizo pensar en hacer un ensayo modesto de enseñanza menagère: pero como estaba instalada fuera de la escuela y yo había de atender a la clase, no pude estar en la cocina y a la cocinera no le resultaba agradable y tampoco sabía atender a las dos niñas que diariamente iban, y todo quedó reducido a que las pequeñas arreglaran y adornaran los comedores y atendieran al servicio mientras los: niños comían. El fregado de vajilla y lavado de mantelería intenté que lo hicieran alguna vez pero hube de desistir ante las protestas de las madres y convencida, por otra parte, de que aquellas niñas no necesitaban aprendizaje de cosas que diariamente hacían en sus casas.

Lo que más gustaba a las niñas y lo que con mayor cariño y entusiasmo atendían era la Sociedad infantil. Fundada a fines del año veintiséis, cada día iba tomando mayor vida y hubieran sido capaces de los mayores esfuerzos para evitar su disolución. Nació pobremente: treinta y tantas o cuarenta niñas del tercer grado comenzaron pagando una cuota de ingreso de 0,25 que quedó reducida a la semanal de 0,10. Con los fondos recaudados de esta forma y alguna otra cuota extraordinaria de 0,25 pudimos hacer la primera excursión a los seis meses de la fundación de la sociedad. Fuimos a Segovia, capital que muchas niñas no conocían a pesar de la proximidad (once kilómetros), dándose el caso de niñas que subían por primera vez en autobús siendo éste el único medio de comunicación del pueblo. La emoción de aquellas chiquillas en su primera excursión es cosa que no olvidaré, como creo no olvidarán ellas las impresiones de aquel día: los incidentes y las visitas al Acueducto, Catedral, Alcázar, l Parral… ¡Qué lindo trabajo hicieron algunas después!

Ni que decir tiene que esta primera salida avivó el entusiasmo de las pequeñas y despertó el de los mayores que empezaron a darse cuenta de la importancia de la función escolar y lo demostraron con la emoción con que acudieron a despedirnos y a esperarnos, con expresivas muestras de agradecimiento hacia mi labor. Con esto logramos también una pequeña ayuda económica por parte del Ayuntamiento que consignó 25 pts en sus presupuestos como subvención para la sociedad, y con esta ayuda y el aumento de asociadas hicimos el primer pedido de libros para la biblioteca, a cuyo fin, según el reglamento deberían dedicarse 5 pts mensuales.

Al año siguiente fuimos a El Escorial; a Ávila el año veintinueve, y el treinta hicimos tres excursiones: en mayo Riofrío, en setiembre a Coca por Santa María de Nieva, y en octubre a Sepúlveda, yendo por Turégano y volviendo por Pedraza.

En todas estas excursiones, aparte de la convivencia entre los niños y niñas de La Granja, logramos la de éstos con los de las localidades que visitábamos, con los que de antemano les habíamos puesto en comunicación, dándose la nota simpática de que después hicieron ellos por su cuenta, intercambios, pasando temporadas en casa de los amigos.

Al calor de la Sociedad Infantil nació la de antiguas alumnas, creada ante la insistencia de muchachas mayores, que, sin haber sido discípulas mías, sintieron cierta pena al ver no podían disfrutar ellas como sus hermanas pequeñas. Tanto insistieron que no pude negarme y en noviembre de 1929 quedó fundada con la cuota mensual de una peseta. Aun siendo pocas las asociadas y no grande la cuota, en setiembre del 30 fuimos a El Escorial que era uno de los sitios que más les interesaba por haber oído hablar de sus bellezas a sus hermanillas.

No obstante lo bien que la sociedad se desenvolvía, en reunión celebrada en marzo de 1931 en que les anuncie mi nombramiento para Barcelona, acordaron disolverla, pues no quisieron quedara en manos de las otras maestras que nunca vieron estas cosas con simpatía.

Una de las notas más simpáticas que logré con estas sociedades fué el acostumbrar a las muchachas al autogobierno; ellas manejaban sus fondos y llevaban SUS libros de contabilidad y de actas, redactaban Memorias a final de año en las que quedaba reflejado todo el entusiasmo y el cariño que sentían y eran verdaderamente atrayentes las sesiones que celebraban y la seriedad con que se observaba el riguroso turno para hacer uso de la palabra.

OBSTÁCULOS QUE HE ENCONTRADO PARA REALIZAR MI LABOR Y COMO LOS HE VENCIDO

El mayor obstáculo y más doloroso para mí lo encontré en la compañeras que, lejos de secundar mi labor, favorecieron siempre la crítica de las familias y procuraron aumentarme las dificultades. Dura fue la censura que las familias hicieron cuando suprimí el libro de estudio que hasta entonces habla sido el martirio de las niñas. Lo mismo pasó cuando empecé a enseñarles cantos regionales, llegando a decirme públicamente, en tono de acusación, que enseñaba “cantos callejeros" en la escuela. No diré nada de cómo aumentaron las censuras cuando apareció en clase el muñeco adquirido para que las mayores hicieran las ropitas para vestirle y aprender a ponerle debidamente las prendas de recién nacido; entonces se comentaba diciendo que en la escuela se jugaba a las muñecas en lugar de dar lección de memoria. Lo mismo ocurrió sobre los trabajos manuales y el dibujo. Pero luego, cuando con motivo de las excursiones las millas fueron acercándose a mí y pude hablarles de las ventajas que cada una de estas cosas reportaba a sus hijas, poco a poco me capté las simpatías, y como contaba con al cariño de las niñas y como en sus casas veían era un disgusto para ellas el tener que faltar a la escuela, conquisté su confianza y, con ella, acabaron casi. por completo los reproches que se me dirigían.

Más difíciles de vencer fueron siempre los inconvenientes económicos que entorpecieron y retardaron el funcionamiento de la biblioteca y de la cantina. Sin embargo, maduré el plan y lo llevé a la práctica: pedí su colaboración al director de la graduada de niños; contando con ella esperé la época veraniega y fuimos los dos casa por casa pidiendo donativos para reunir con ellos cantidad con que poder acometer la instalación del comedor. En esta empresa sufrimos, naturalmente, grandes desencantos, pero no fué inútil y logramos recaudar una suma modesta que nos permitió abordar la realización del proyecto, logrando así mismo alguna suscripción entre las personas acomodadas de la localidad.

Encontramos otro nuevo inconveniente: la escuela no tenía sala donde instalar el comedor. Qué hacer? Acudimos a las oficinas de la administración del entonces real patrimonio y conseguimos la cesión de un local próximo a la escuela que ocupaban unas monjas durante el verano. Obtuvimos del favor particular las mesas y sillas necesarias y tan pronto como dispusimos del menaje indispensable inauguramos el comedor con veintiocho niños que eran todos los, que cabían en el local cedido.

Más tarde solicité la ayuda del Ministerio de Instrucción Pública que nos otorgó una subvención de mil pts el primer año y dos mil los últimos. En vista del desahogo económico que esta ayuda nos proporcionaba y ampliando el comedor, acordamos aumentar el número de raciones a veinte niños y veinte niñas. La cantina funcionaba durante los meses comprendidos de noviembre a marzo, ambos inclusive. Aunque las suscripciones particulares disminuían de día en día por la apatía del pueblo, que era el mayor enemigo que tenía la cantina, se mantuvo bien gracias a la subvención citada, y al cesar yo el 31 de marzo del año actual en el cargo de secretaria, quedaban unas cuatro mil pts en la Caja Postal.

No fueron tan grandes los obstáculos que hallé para el funcionamiento de la biblioteca. Dediqué a la adquisición de libros veinte o veinticinco pts del presupuesto escolar y cincuenta o sesenta de la Sociedad Infantil y pronto logré disponer de ejemplares suficientes para que todas las niñas hicieran una lectura semanal.

Esto en mi escuela de La Granja. Nombrada en abril maestra de Barcelona, no se inauguró el grupo a que fuí destinada hasta el 18 de mayo. Tuve la mala suerte de no tener directora por hallarse enferma y me encargaron de 20 niñas analfabetas por falta de escolaridad (muchachas hasta de doce años) y sinceramente creo que el mes y medio que estuve con ellas obtuve muy poco o ningún resultado: al menos comprobé que pasado el verano no quedaba ninguna señal de mi labor. Ya al frente de la escuela la directora, hube de encargarme de la clase de Castellano organizada en virtud del Decreto sobre bilingüismo: cuarenta niñas en total, desde párvulos hasta las de trece años, algunas de las cuales cursan primer año de Bachillerato. Una unitaria en la que encuentro múltiples inconvenientes, en que trabajo mucho y obtengo poco y que me obliga, a veces, a sentir nostálgico recuerdo de mi escuela de La Granja.

Qué más hice yo? Ciertamente lo expuesto no es ninguna novedad, pero cuando fuí a La Granja el último verano y acudieron a verme las niñas, cuando recibo cartas de las muchachas que convivieron conmigo durante seis años, que ya son mujercitas, y veo mezclados el respeto, la confianza y al cariño, creo fue esto lo mejor y llego a pensar no es tan poco como parece.

Barcelona 24 noviembre 1931

Enriqueta Castellanos [firmado y rubricado]



Enriqueta Castellanos en el Mar, con unos amigos. Archivo Enriqueta Castellanos.



Enriqueta Castellanos, con unos amigos, en el Último Pino. Archivo Enriqueta Castellanos.

miércoles, 15 de abril de 2015

EL PROYECTO ESTAMPAS DE ALDEA. ACTUALIZACIÓN.








EL MATERIAL FOTOGRÁFICO PARA LA FORMACIÓN DEL PROFESORADO SEGOVIANO

El archivo fotográfico histórico de la Escuela de Magisterio se encuentra depositado en la Biblioteca del Campus "María Zambrano" de Segovia, de la Universidad de Valladolid, que permite la reproducción de este reportaje con fines culturales y educativos.

Agradecemos la colaboración de Aurora de la Puente, Isabel Lecanda y Ainhoa Zufriategui para la redacción de esta entrada.

Uno de los archivos fotográficos segovianos más desconocido es el depositado en la Biblioteca del Campus "María Zambrano" de la Universidad de Valladolid. Pertenece al archivo histórico de la Escuela de Magisterio. Su historia nos la cuenta Aurora de la Puente Robles, protagonista de su recuperación.

Aurora de la Puente Robles, leonesa, es Maestra de Primera Enseñanza desde 1959. Ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes en 1960, licenciándose en Dibujo en 1965. Es Doctora en Bellas Artes en 1988. Docente en la Escuela de Magisterio desde 1976 hasta 2005, como Catedrática de Dibujo.

"En los años de mi actividad en la Escuela Universitaria de Magisterio de Segovia, la casualidad hizo que en una de las aulas de Dibujo, hallara abandonadas y olvidadas unas placas de vidrio que servían de soporte a imágenes fotografiadas, las cuales se encontraban dispersas, con escasa protección y rotas algunas, sin posibilidad de restaución, una colección de fotografías estereoscópicas y tres cuentos ilustrados en color, con textos en francés, realizados manualmente sobre placas de vidrio.

El valor histórico y didáctico del material encontrado me pareció notable, razón por la que decidí restaurarlas y protegerlas sin alterar el material original.

El conjunto está compuesto por 539 fotografías sobre vidrio de contenido muy variado. Tres cuentos ilustrados en color, sobre 12 placas de vidrio y 52 fotografías estereoscópicas.

Este material fue en su momento una avanzadilla como herramienta pedagógica que utilizaban los docentes para llevar a las escuelas rurales información actualizada sobre diferentes áreas de conocimiento, gracias a la gran labor de difusión del saber que realizaron las Misiones Pedagógicas.

Este material tan frágil y de tanto valor histórico-documental, era obligado protegerlo y rescatarlo. Razón por lo que lo guardé en formato digital y fue catalogado en el Año Sabático concedido para este trabajo: "Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX". Una de las series de placas que está dedicada a: "Los cuidados infantiles", acompañará a este proyecto sobre la obra del profesor Cobos."




Placa de proyección de la serie "Los cuidados infantiles"

Esta serie de fotografías nos ilustran sobre el cuidado infantil en la Francia de principios del siglo XX, anteriores a la I Guerra Mundial. Las escuelas francesas eran un referente para los maestros españoles y el mismo Pablo de Andrés Cobos las visitó en 1929, becado por la Diputación segoviana. El joven maestro segoviano quedó admirado del componente laico de las instituciones educativas francesas.

No se sabe si fué adquirido por algún maestro que las visitara (Pablo de Andrés y David Bayón en 1930, ente otros) o bien pedidas desde la Escuela a alguna casa comercial. El hecho es que, desde su aparición en la Escuela de Magisterio, permitió perfeccionar la formación de los nuevos maestros y maestras, con nociones de puericultura, cuidado infantil e instituciones educativas.


El biberón. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Cuna, moisés e incubadora. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Esterilización del biberón. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La ropita moderna. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


 Tetinas. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Toilette de bebé y termómetro para baño. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Madre dando de mamar. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Madres dando el pecho. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Cómo se debe sostener al niño. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


 Cómo se debe sujetar al niño. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Cómo meterlo en el baño y sostenerlo. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Tomando biberón y con cuchara. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El peso. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Cómo sostener al niño. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Cómo sostener al niño dormido. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Cómo se debe colocar la fajita. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Colocación del pañal. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Colocación adecuada de la camisa y pañal. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Las guarderías maternales. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El examen médico. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Las cunas. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Dormitorio de cunas. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Madres dando el pecho. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La esterilización de la leche. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La hora del puré. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El comportamiento en el retrete. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Los niños en el orinal. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El baño. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Después del baño. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.






































El aseo. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La sala de juegos. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La mesa de juegos. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El juego en el jardín. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El paseo por el porche cubierto. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El porche y el jardín. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La sala de aislamiento. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La desinfección de la ropa y de las camas. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El vestidor. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La distribución de los biberones a la salida de los niños. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Madres con hijos. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La vuelta a casa. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Interior de una casa obrera. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Dormitorio de la casa cuna obrera para madres embarazadas. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La ropa de los niños y su confección. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El dormitorio de las madres recientes. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La casa cuna de St Fargeau. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Asociación maternal del distrito 14. Desfile de coches. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La Fundación Piere Andiu. La consulta de los bebés. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


El peso y la medida del niño. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La distribución de la ropa. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La casa cuna de noche de la calle de los Sauces. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La casa de muñecas de Porchefontaine. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


La visita de los padres a Porchefontaine. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Los niños al cuidado de las nodrizas. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.


Los niños enfermos. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.



Cuatro hermosos niños. Material Didáctico utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX. Archivo Escuela de Magisterio. UVA.