miércoles, 30 de diciembre de 2015

CON EL 2015 SE ACABA EL 20 ANIVERSARIO DE TIEMPO DE RECUERDOS


Las fotografías de esta entrada pertenecen al fondo Tiempo de Recuerdos y cada una a sus propietarios. De las imágenes del proyecto Tiempo de Recuerdos se realizó una copia de seguridad que quedó depositada en la Filmoteca de Castilla y León. Su difusión tiene carácter educativo y cultural, no económico.



El año 2015 se han cumplido los 20 años de la publicación de Tiempo de Recuerdos. La Granja Valsaín, 1850-1950. Un libro sobre el pasado reciente del pueblo a través de fotografías antiguas y realizado gracias a la aportación de muchos vecinos.
Sus fotografías fueron fundamentales para completar las imágenes que se conservan en museos e instituciones, que fundamentalmente recogen la monumentalidad del pueblo, sin dar cabida a su vida cotidiana. Así conseguimos un equilibrio entre ambos mundos, el popular y el palaciego.

Esta entrada es un pequeño homenaje a todos los que lo hicieron posible con sus fotos, sus anécdotas, su ánimo. Para ellos también este recuerdo.


Alfonso XIII en Las Ocho Calles. José Campúa, 1905.

El rey Alfonso XIII es ayudado a descender de la estatua central de las Ocho Calles en el verano de 1905.

Los veranos del inicio de su reinado los vivió intensamente en La Granja, donde nacieron varios Infantes, D. Juan incluido.

La fotografía es de José Campúa y fue cedida por el Patrimonio Nacional para Tiempo de Recuerdos.


La Yeguada del Polo. Francisco de Goñi, 1910.

En 1910 se inauguró el Campo de Polo de La Granja. Además de las instalaciones del Real Sitio se habilitó el Parque de Valsaín para ubicar allí la yeguada del Polo de Alfonso XIII.

El fotógrafo Francisco Goñi (ver el blog para más información) realizó un pormenorizado reportaje que regaló al monarca en forma de libro fotográfico.

En esta imagen inédita vemos al mayoral de la yeguada en el Parque de Valsaín. La cedió el Patrimonio Nacional para Tiempo de Recuerdos.


Rondalla en los Jardines. Hacia 1910.

Una rondalla de La Granja posa para el fotógrafo en la explanada de los Jardines de Palacio. Guitarras, bandurrias y violines para amenizar las fiestas de San Luis.

No tenemos fecha exacta de la fotografía, aunque puede ser alrededor de 1910.
La cedió Pedro Heras para Tiempo de Recuerdos. Al final no fue incluida, siendo inédita.


La presa de Valsaín. Julio Duque, hacia 1930.

El conocido ingeniero Federico Cantero proyectó la presa del Salto "El Olvido" y su central eléctrica asociada. El objetivo era generar electricidad para el suministro de los vecinos de La Granja y Valsaín.

Las obras finalizaron en 1927. En las fiestas del año siguiente se verificó el primer Campeonato de Natación en la presa dentro de las fiestas patronales. Era obligatorio participar en traje de baño.

La fotografía pertenece a una serie de vistas de La Granja y Valsaín encargada por el Hotel Vega al fotógrafo Julio Duque, entre 1931 y 1935. La cedió el Sr. Julián Gómez Ortiz de Urbina.


Plaza del Vidriado. Hacia 1910.

Este es el aspecto que presentaba la plaza del Vidriado al entrar el siglo XX. Se aprecian los antiguos "cajones" del mercado que estaba instalado en la plaza.

También se ve el estado del Cuartel de la Guardia de Corps.
La fotografía la cedieron las hermanas García Budia para Tiempo de Recuerdos, quedando inédita.


Tarde de paseo en el Medio Punto. Hacia 1905.

Una tarde de domingo no era una tarde de domingo sin pasear por el Medio Punto. Lugar de encuentro, de corteses saludos y animadas conversaciones...

La colonia de verano, las ayas con los niños, las señoras, el caballo bien ensillado, las risas, las sorpresas.

Fotografía inédita de Tiempo de Recuerdos, hacia 1905-1910.


La comparsa El Barquero de Cantillana en los carnavales de Segovia. Tirso Unturbe, hacia 1915.

La legendaria comparsa del Barquero de Cantillana posa en la plaza de los Espejos, en Segovia. La casualidad ha querido que Tirso Unturbe sea vecino de esta plaza (vivía en el portal que se intuye detrás del estandarte) y no pierde la ocasión de inmortalizar a estos hombres de Valsaín.

El barquero de Cantillana cantó la desgracia del incendio del Palacio en 1918. Con unas letras de asombrosa calidad y buenos "tocadores" esta comparsa provocaba la admiración de los que les escuchaban.

Dos copias encontramos de esta imagen. Una nos la ofreció el Sr.José Fernández Pozo (Pepito) y otra Dña. Berta Unturbe. Utilizamos la de Berta por su mejor conservación y Pepito nos contó muchas anécdotas sobre el barquero de Cantillana.


Rondalla de La Granja. Década de los 50.

La Granja también tuvo sus rondallas, que llenaban de música los bailes en el antiguo teatro Infanta Isabel.

De los tiempos de Franco nos llegó esta copia de la rondalla de La Granja actuando en la población. Y podemos reconocer a alguno de los músicos.

Esta fotografía no se incluyó en Tiempo de Recuerdos.


Plaza de Valsaín. Década de los 50.

Un anciano José Fernández Gala encabeza a caballo el paseillo en la antigua plaza de toros de Valsaín durante las fiestas del Rosario.

La plaza se construía todos los años y al final de las fiestas se procedía a la subasta de la madera. Todos los mozos "hacían plaza " los fines de semana de agosto.

Fotografía inédita de Tiempo de Recuerdos, cedida por José Fernández Pozo.


Barca en El Mar. Hacia 1905.

Hubo un tiempo en el que se podía navegar en el Mar de los Jardines.

Así se podía pasar una deliciosa tarde de verano remando entre pinos y montes de gran belleza. La imagen habla por si mismas. Es de alrededor de 1905.

La fotografía la cedió el Sr. Juan Antonio Comyn, Conde de Albiz y quedó inédita dentro de Tiempo de Recuerdos.


Carpinteros de la Fábrica de Vidrio. Década de los 50.

Una fotografía de los carpinteros que trabajaban en la fábrica de vidrio tras la guerra civil.

Es la época de los aisladores de vidrio para torres de alta tensión y de la recordada "lana de vidrio".

La cedió VICASA para Tiempo de Recuerdos, quedando inédita.


Grupo de niños en los Jardines. 1882.

Los niños de la colonia de verano juegan a ser toreros en la explanada de entrada a los Jardines. Toreros de salón.

También se hacen los mayores imitando fumar y las niñas lucen sus pequeñas mantillas.

La vista está fechada en 1882 y la cedió el Sr. Luis Comyn para Tiempo de Recuerdos.


Restaurant de la Boca del asno. 1927.

El primogénito Alfonso, Príncipe de Asturias disfruta de una buena comida en la Boca del Asno, la zona recreativa natural más antigua de España.

Al distinguido grupo lo atiende Domingo Sanz Yubero, que regentó el Restaurant de la Boca del Asno durante muchos años.

La fotografía está fechada en julio de 1927. La cedió Patrimonio Nacional para Tiempo de Recuerdos.


Romería en la Pradera del Hospital. Lázaro Aragüe, hacia 1930.

De los tiempos de la Segunda República es esta fotografía que nos muestra un grupo de amigos en la Pradera del Hospital, probablemente durante una romería del Patrocinio.

Llama la atención su amplitud y los límites delineados por paseos de olmos, ya desparecidos. Escenario de esparcimiento del pueblo, en ella se hicieron desfiles, corridas de toros, partidos de fútbol, romerías...

La imagen es de Lázaro Aragüe, que complementaba su sueldo en el Patrimonio Nacional con su labor de fotógrafo. La cedió Dña. Ana María Velayos Gómez para Tiempo de Recuerdos.


Incendio del Palacio. 1918.

En los primeros momentos del año 1918 se declaró un feroz incendio en el Palacio de La Granja. Las bajas temperaturas habían congelado las conducciones de agua y los numerosos bomberos, soldados de la guarnición, personal del Patrimonio y vecinos voluntarios se vieron impotentes para controlarlo.

La ruina del Palacio provocó la ausencia del rey en los años siguientes causando una grave crisis económica en la población.

Sólo la Infanta Isabel, la Chata, mantuvo sus visitas veraniegas.

La fotografía que cedió Pedro Heras para Tiempo de Recuerdos nos muestra los daños sufridos en la entrada del Patio de Coches.


Los nuevos forjados de Palacio. Hacia 1928.

Largos años estuvo el Palacio en ruinas tras el incendio de 1918.

Salvado el mobiliario y las obras de arte y retirados los escombros las ruinas se consolidaron. Ni el Gobierno ni la Corona, afectados económicamente por la guerra de África pudieron acometer una rápida reconstrucción.

El sobrestante del Patrimonio, D. Diego Álvarez (sentado) supervisó las obras de reconstrucción, bajo la dirección del arquitecto patrimonial Sr. Moya.

En 1928, Diego posa con otros trabajadores en los nuevos forjados. La fotografía la cedió Mª Teresa Álvarez García.


Casa Zaca, casa de comidas. Década de los 50.

Uno de los establecimientos de La Granja con más solera y prestigio bien ganado es "Casa Zaca".

Antiguo bar y casa de comidas su historia se remonta a la década de los años 50 del pasado siglo. La familia Peinador lo regenta, y ya van varias generaciones.

Fotografía inédita de Tiempo de Recuerdos, cedida por el Sr. Mariano Peinador.


Vista aérea de La Pradera. Hacia 1928.

Esta fotografía aérea de La Pradera es una de las primeras fotografías aéreas del municipio. El reconocido ingeniero Federico Cantero fundó un club de vuelo sin motor llamado La Atalaya y realizó varios vuelos desde, precisamente, el cercano monte.

El Sr. Cantero se adelantó al famoso fotógrafo Marín, que realizó fotos aéreas en 1928-1930 de La Granja.

Podemos admirar el urbanismo de La Pradera, la presa y el entorno, bastante más despoblado que ahora. La fotografía la cedió Dña. Isabel Cantero para Tiempo de Recuerdos.


El Último Pino. Década de los 50.

Una muy curiosa fotografía de el Último Pino, ya seco, y antes de su desaparición en 1950.

Situado en el vértice superior izquierda de los Jardines, quien se subía a la plataforma del rústico mirador instalado entre su ramas se encontraba a 1.326 metros de altura, Era una visita obligada para los amantes del Jardín.

Esta fotografía quedó inédita en Tiempo de Recuerdos.


Estanque del Chato. Década de los 50.

También de dentro de los Jardines una fotografía del estanque del "Chato". La colonia de verano disfrutó de este encantador estanque durante muchos años.

¿Quién no se bañó?

Fotografía inédita de Tiempo de Recuerdos, década de los 50.


Parada militar en el Medio Punto. Hacia 1910.

El Medio Punto era escenario de frecuentes paradas militares, sobre todo cerca de la entrada del Patio de Coches, utilizado con frecuencia por Alfonso XIII.

Esta fotografía inédita de Tiempo de Recuerdos nos muestra la solemnidad de una de ellas, alrededor de 1910.


Festejo taurino en Valsaín. Hacia 1925.

Los festejos taurinos de Valsaín son cosa fina. Durante las fiestas del Rosario se instalaba la plaza de toros, formando un anillo con los carros.

El carro de la Presidencia, el carro de los músicos, el carro de las solteras....

El hijo de Antonio Rodríguez cedió esta magnífica fotografía de alrededor de 1925 para Tiempo de Recuerdos.


El antiguo Correos. Hacia 1900.

La antigua oficina de Correos y Telégrafos se encontraba situada en el edificio de Infantes, en la planta baja.

Desde aquí se centralizaba las comunicaciones de La Granja. Estaba atendida por personal del Patrimonio.

La fotografía la cedió el Sr. Juan Antonio Comyn, conde de Albiz para Tiempo de Recuerdos y está fechada alrededor de 1900.


Campo de Polo. Francisco de Goñi, 1910.

El fotógrafo Francisco de Goñi realizó un completo reportaje sobre el Campo de Polo de La 
Granja.

Con el fondo de la Sierra de Guadarrama esta fotografía nos muestra su amplitud y belleza.

La cedió Patrimonio Nacional para Tiempo de Recuerdos.


Escena cotidiana. Hacia 1905.

Niños de la familia del conde de Albiz juegan en la calle Infantes, muy cerca de la casa familiar, alrededor de 1905.

Escena cotidiana de La Granja, donde podemos apreciar los vestidos de los niños de clase alta y sus juguetes.

Fotografía inédita de Tiempo de Recuerdos, cedida por el Sr. Juan Antonio Comyn, conde de Albiz.


La Sombrilla del Mar. Hacia 1925.

Gracias al uso continuado del Palacio por Alfonso XIII los Jardines recobraron su antiguo esplendor. Diseminados por ellos aparecieron construcciones sencillas, muchas realizadas en madera que ofrecían al visitante rincones entrañables.

Es el caso de la Sombrilla del Mar, una sencilla construcción para dar un poco de sombra a aquél que se sentara en el banco que tenía debajo.

La fotografía la cedió la Sr. Angelita Domínguez para Tiempo de Recuerdos.


Real Taller de Aserrío. 1907.

El Real Taller de Aserrío de La Pradera se cuenta como una de las más importantes explotaciones madereras de España.

El carácter regio de los montes de Valsaín hizo que la Corona cuidara y ordenara el territorio para lo que contaba con una guardería estable. La creación del aserrío permitía completar el ciclo de la madera de Valsaín.

Esta postal de 1907 la cedió Pedro Heras para Tiempo de Recuerdos.


Trabajadores del Real Taller de Aserrío. Hacia 1920.

Trabajadores del Taller de Aserrio se fotografían entre los encastillados.

El Taller de Aserrío era una fuente de trabajo vital para las gentes de La Pradera y Valsaín. 

Así llegó a tener una plantilla de más de cien obreros madereros, que convirtieron a este núcleo en uno de los más activos, políticamente hablando, de la provincia.

Fotografía inédita de Tiempo de Recuerdos.


Teatro Infanta Isabel. 1914.

El desaparecido Teatro Infanta Isabel luce engalanado para una función real, presidida por la Chata.

El Infanta Isabel acogió funciones de teatro, mítines políticos, bailes de carnaval, cine... hasta que fue derribado, quedando sólo su presencia en un puñado de fotografías viejas.

Esta fotografía del 4 de septiembre de 1914 la cedió el Sr. Juan Antonio García para Tiempo de Recuerdos.


Diligencia a Segovia. 1885.

Un grupo de viajeros en la diligencia del servicio Segovia-La Granja en 1885.

Once kilómetros separan a La Granja de la capital. Nada que ver con las comunicaciones de hoy día. La aventura del viaje se plasma en esta fotografía que fue elegida portada de 
Tiempo de Recuerdos, también otra aventura.


La cedió el Sr. Luis Comyn para Tiempo de Recuerdos.

jueves, 12 de noviembre de 2015

LAS ESCUELAS RURALES DE SEGOVIA


El reportaje de las Escuelas Rurales de la provincia de Segovia se encuentra depositado en el archivo fotográfico de la Diputación provincial de Segovia. La Diputación permite la difusión de las fotografías con fines estrictamente culturales. Agradecemos la colaboración de Susana Vilches para la realización de esta entrada.


Con motivo de la reedición de Estampas de aldea, obra de referencia de Pablo de A. Cobos y de la renovación pedagógica segoviana presentamos este reportaje de las Escuelas rurales de la provincia de Segovia. Pertenecen a un reportaje de encargo a un fotógrafo desconocido y está fechado en 1929.

Desde aquí queremos hacer un pequeño homenaje al magisterio segoviano, que ya en la década  de los años 20 del pasado siglo estaba a la vanguardia del magisterio español.



Escuelas Nacionales de Carbonero el Mayor, 1929. Autor desconocido. Arnchivo de la Diputación de Segovia.


Escuelas Nacionales de Fuentesaúco de Fuentidueña, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Escuela Nacional de Niños de San Cristóbal de Cuéllar, 1929. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Abades, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Adrados, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Aguilafuente, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de una Escuela sin identificar, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niños de Hontalbilla, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niñas de Bernuy de Porreros, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.


Interior de la Escuela de niñas de Escarabajosa de Cabezas, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.



Interior de la Escuela de niñas de Zarzuela del Pinar, 1929. Autor desconocido. Archivo de la Diputación de Segovia.

LA MAESTRA DE LA GRANJA. ENRIQUETA CASTELLANOS PEREDA


Agradecemos la colaboración de Javier Fernández Fernández para la realización de esta entrada. Documentación extraída de su trabajo de fin de Máster: La construcción de una casa de huérfanos modélica, el Orfanato Nacional de El Pardo (febrero de 1931- febrero 1934), Máster en Memoria y Crítica de la Educación, curso académico 2012-2013. Univ. de Alcalá. Las fotografías pertenecen al archivo Enriqueta Castellanos.

El blog Arqueología de Imágenes se suma a la celebración por la reedición de Estampas de aldea presentando a Enriqueta Castellanos, maestra de La Granja desde 1925 a 1931.
En el padrón municipal de San Ildefonso de cédulas personales del año 1931 nos aparece el matrimonio formado por Pablo de A. Cobos y Enriqueta Castellanos Pereda, ambos maestros nacionales.

Enriqueta, natural de Madrid, de 29 años, casada y con cinco hijos menores declara que vive en la calle Reina, 4 (antigua casa de los maestros y hoy parte del Ayuntamiento) y que tiene unos ingresos de 3.000 pesetas mensuales.




Retrato de Enriqueta Castellanos Pereda, maestra en La Granja (1925-1931). Archivo Enriqueta Castellanos.

Ella misma nos cuenta su actividad docente en La Granja:

LO QUE HICE EN MI ESCUELA DURANTE LOS TRES ÚLTIMOS AÑOS.

Cuando me sentí responsable dentro de mi escuela procuré ante todo conquistar el cariño de las niñas para lo que no les escatimé el mío, haciéndoles ver en mí no la maestra que riñe y siempre está seria, sino la amiga más segura dispuesta a escuchar en todo momento y a responder a toda pregunta. Y cuando conseguí la confianza de las chiquillas y les hice olvidar el movimiento instintivo de cubrirse la cara si alguna vez levantaba la mano al pasar junto a ellas (tan acostumbradas estaban a los cachetes) sentí cierto contento que aumentó al comprobar el que las niñas experimentaban cuando estaban conmigo. Recordé muchas veces las horas vividas en las colonias y recordando los cantos que allí aprendí quise rememorar aquellas horas y se los enseñé con gran entusiasmo suyo.

Quise enseñarles gimnasia rítmica y alguna danza: conseguí la ayuda de una señorita, mas pronto se cansó y tuve que desistir de mi empeño. En la escuela era imposible por el local deficiente que teníamos, sin otras salas que las clases y sin patio: los ejercicios gimnásticos los reservábamos para los días que salíamos de paseo, los jueves por la tarde cuando el tiempo lo permitía (pocos por cierto). Eran estos días verdaderas fiestas para las chiquillas, poco o nada acostumbradas a que la maestra organizara sus juegos y tomara parte en ellos: celebraban con gran regocijo el hallazgo de alguna piedra interesante o, cualquier mariposa o insecto que sirviera para la colección.

!Y cuánto más provechosa era cualquier lección dada, un día de paseo, que diez hechas en la escuela! Recuerdo siempre la ilusión que despertaba el paseo que solíamos hacer todos los años a ver el origen del Eresma! !Qué bien se enteraban aquel día todas las niñas de cuanto se decía! ¡Cuántos temas de conversación teníamos para días sucesivos! Pero las familias entorpecían esta labor pues consideraban que sus hijas perdían el tiempo cuando en vez de estar cerradas en la escuela salían al campo. Como si éste no fuera el mejor sitio para encontrar cosas dignas de estudio.

En estos paseos siempre nos acompañaba un libro... "Cuando la Tierra era niña", "Platero y yo", "Poesías" de Machado, Gabriel y Galán…. !Con qué interés escuchaban todas y cómo llegaron a saborear la lectura de estos libros! !Cómo lloraban si leíamos la muerte de Platero!

Esta afición por la lectura me hizo pensar en la necesidad de la biblioteca. Pero ¿cómo adquirir libros con la irrisoria cantidad que el Estado daba para atender a todas las necesidades de la escuela si la partida de calefacción consumía casi la mitad de la consignación? No obstante, quise satisfacer la necesidad que aquellas criaturas tenían de la lectura, ellas que casi exclusivamente habían leído las torturadoras lecciones de memoria; reuní unos cuantos libros, comprando unos (los menos) y añadiendo otros míos. Hicieron un pequeño catálogo, nombraron bibliotecaria y auxiliar y muy modestamente comenzó a funcionar la biblioteca. Solo las niñas del tercer grado tomaban libros y quedaban obligadas a hacer un breve resumen de lo leído. Quedé contenta con los resultados pues observé que no solo leían las pequeñas sino que la mayor parte de las veces el libro era leído por toda la familia, que así empezó a interesarse por algo de la escuela. Con estos resultados me encariñé con la biblioteca y procuré por todos los medios aumentar el número de ejemplares llegando a reunir 180. Las bibliotecarias llevaban un cuaderno en que anotaban el título y autor, las fechas de entrega y devolución y el nombre de la lectora, pudiendo verse qué libros eran los preferidos por cada una.

Otra de mis primeras preocupaciones, dada la pobreza del pueblo, fue el funcionamiento de la Cantina escolar: pero si para el de la biblioteca encontré grandes obstáculos económicos, ni que decir tiene que infinitamente mayores fueron los que hallé para la Cantina. Sin embargo, ante la necesidad de lograrla, trabajé sin descanso y la conseguí, teniendo la alegría de poder dar comida sana y abundante a aquellos pequeños para los que el comer en la Cantina era asistir a un banquete constituyendo ésta la única comida seria que hacían en todo el día; y aprendieron a comer con limpieza y a manejar el cubierto. Los niños convivieron con las niñas ayudando los mayores a los pequeños a partir la carne y el pan, a servirse, etc, etc, y se acostumbraron a tratar amablemente a sus compañeras con las que también convivían en los juegos y excursiones.

El funcionamiento de la Cantina me hizo pensar en hacer un ensayo modesto de enseñanza menagère: pero como estaba instalada fuera de la escuela y yo había de atender a la clase, no pude estar en la cocina y a la cocinera no le resultaba agradable y tampoco sabía atender a las dos niñas que diariamente iban, y todo quedó reducido a que las pequeñas arreglaran y adornaran los comedores y atendieran al servicio mientras los: niños comían. El fregado de vajilla y lavado de mantelería intenté que lo hicieran alguna vez pero hube de desistir ante las protestas de las madres y convencida, por otra parte, de que aquellas niñas no necesitaban aprendizaje de cosas que diariamente hacían en sus casas.

Lo que más gustaba a las niñas y lo que con mayor cariño y entusiasmo atendían era la Sociedad infantil. Fundada a fines del año veintiséis, cada día iba tomando mayor vida y hubieran sido capaces de los mayores esfuerzos para evitar su disolución. Nació pobremente: treinta y tantas o cuarenta niñas del tercer grado comenzaron pagando una cuota de ingreso de 0,25 que quedó reducida a la semanal de 0,10. Con los fondos recaudados de esta forma y alguna otra cuota extraordinaria de 0,25 pudimos hacer la primera excursión a los seis meses de la fundación de la sociedad. Fuimos a Segovia, capital que muchas niñas no conocían a pesar de la proximidad (once kilómetros), dándose el caso de niñas que subían por primera vez en autobús siendo éste el único medio de comunicación del pueblo. La emoción de aquellas chiquillas en su primera excursión es cosa que no olvidaré, como creo no olvidarán ellas las impresiones de aquel día: los incidentes y las visitas al Acueducto, Catedral, Alcázar, l Parral… ¡Qué lindo trabajo hicieron algunas después!

Ni que decir tiene que esta primera salida avivó el entusiasmo de las pequeñas y despertó el de los mayores que empezaron a darse cuenta de la importancia de la función escolar y lo demostraron con la emoción con que acudieron a despedirnos y a esperarnos, con expresivas muestras de agradecimiento hacia mi labor. Con esto logramos también una pequeña ayuda económica por parte del Ayuntamiento que consignó 25 pts en sus presupuestos como subvención para la sociedad, y con esta ayuda y el aumento de asociadas hicimos el primer pedido de libros para la biblioteca, a cuyo fin, según el reglamento deberían dedicarse 5 pts mensuales.

Al año siguiente fuimos a El Escorial; a Ávila el año veintinueve, y el treinta hicimos tres excursiones: en mayo Riofrío, en setiembre a Coca por Santa María de Nieva, y en octubre a Sepúlveda, yendo por Turégano y volviendo por Pedraza.

En todas estas excursiones, aparte de la convivencia entre los niños y niñas de La Granja, logramos la de éstos con los de las localidades que visitábamos, con los que de antemano les habíamos puesto en comunicación, dándose la nota simpática de que después hicieron ellos por su cuenta, intercambios, pasando temporadas en casa de los amigos.

Al calor de la Sociedad Infantil nació la de antiguas alumnas, creada ante la insistencia de muchachas mayores, que, sin haber sido discípulas mías, sintieron cierta pena al ver no podían disfrutar ellas como sus hermanas pequeñas. Tanto insistieron que no pude negarme y en noviembre de 1929 quedó fundada con la cuota mensual de una peseta. Aun siendo pocas las asociadas y no grande la cuota, en setiembre del 30 fuimos a El Escorial que era uno de los sitios que más les interesaba por haber oído hablar de sus bellezas a sus hermanillas.

No obstante lo bien que la sociedad se desenvolvía, en reunión celebrada en marzo de 1931 en que les anuncie mi nombramiento para Barcelona, acordaron disolverla, pues no quisieron quedara en manos de las otras maestras que nunca vieron estas cosas con simpatía.

Una de las notas más simpáticas que logré con estas sociedades fué el acostumbrar a las muchachas al autogobierno; ellas manejaban sus fondos y llevaban SUS libros de contabilidad y de actas, redactaban Memorias a final de año en las que quedaba reflejado todo el entusiasmo y el cariño que sentían y eran verdaderamente atrayentes las sesiones que celebraban y la seriedad con que se observaba el riguroso turno para hacer uso de la palabra.

OBSTÁCULOS QUE HE ENCONTRADO PARA REALIZAR MI LABOR Y COMO LOS HE VENCIDO

El mayor obstáculo y más doloroso para mí lo encontré en la compañeras que, lejos de secundar mi labor, favorecieron siempre la crítica de las familias y procuraron aumentarme las dificultades. Dura fue la censura que las familias hicieron cuando suprimí el libro de estudio que hasta entonces habla sido el martirio de las niñas. Lo mismo pasó cuando empecé a enseñarles cantos regionales, llegando a decirme públicamente, en tono de acusación, que enseñaba “cantos callejeros" en la escuela. No diré nada de cómo aumentaron las censuras cuando apareció en clase el muñeco adquirido para que las mayores hicieran las ropitas para vestirle y aprender a ponerle debidamente las prendas de recién nacido; entonces se comentaba diciendo que en la escuela se jugaba a las muñecas en lugar de dar lección de memoria. Lo mismo ocurrió sobre los trabajos manuales y el dibujo. Pero luego, cuando con motivo de las excursiones las millas fueron acercándose a mí y pude hablarles de las ventajas que cada una de estas cosas reportaba a sus hijas, poco a poco me capté las simpatías, y como contaba con al cariño de las niñas y como en sus casas veían era un disgusto para ellas el tener que faltar a la escuela, conquisté su confianza y, con ella, acabaron casi. por completo los reproches que se me dirigían.

Más difíciles de vencer fueron siempre los inconvenientes económicos que entorpecieron y retardaron el funcionamiento de la biblioteca y de la cantina. Sin embargo, maduré el plan y lo llevé a la práctica: pedí su colaboración al director de la graduada de niños; contando con ella esperé la época veraniega y fuimos los dos casa por casa pidiendo donativos para reunir con ellos cantidad con que poder acometer la instalación del comedor. En esta empresa sufrimos, naturalmente, grandes desencantos, pero no fué inútil y logramos recaudar una suma modesta que nos permitió abordar la realización del proyecto, logrando así mismo alguna suscripción entre las personas acomodadas de la localidad.

Encontramos otro nuevo inconveniente: la escuela no tenía sala donde instalar el comedor. Qué hacer? Acudimos a las oficinas de la administración del entonces real patrimonio y conseguimos la cesión de un local próximo a la escuela que ocupaban unas monjas durante el verano. Obtuvimos del favor particular las mesas y sillas necesarias y tan pronto como dispusimos del menaje indispensable inauguramos el comedor con veintiocho niños que eran todos los, que cabían en el local cedido.

Más tarde solicité la ayuda del Ministerio de Instrucción Pública que nos otorgó una subvención de mil pts el primer año y dos mil los últimos. En vista del desahogo económico que esta ayuda nos proporcionaba y ampliando el comedor, acordamos aumentar el número de raciones a veinte niños y veinte niñas. La cantina funcionaba durante los meses comprendidos de noviembre a marzo, ambos inclusive. Aunque las suscripciones particulares disminuían de día en día por la apatía del pueblo, que era el mayor enemigo que tenía la cantina, se mantuvo bien gracias a la subvención citada, y al cesar yo el 31 de marzo del año actual en el cargo de secretaria, quedaban unas cuatro mil pts en la Caja Postal.

No fueron tan grandes los obstáculos que hallé para el funcionamiento de la biblioteca. Dediqué a la adquisición de libros veinte o veinticinco pts del presupuesto escolar y cincuenta o sesenta de la Sociedad Infantil y pronto logré disponer de ejemplares suficientes para que todas las niñas hicieran una lectura semanal.

Esto en mi escuela de La Granja. Nombrada en abril maestra de Barcelona, no se inauguró el grupo a que fuí destinada hasta el 18 de mayo. Tuve la mala suerte de no tener directora por hallarse enferma y me encargaron de 20 niñas analfabetas por falta de escolaridad (muchachas hasta de doce años) y sinceramente creo que el mes y medio que estuve con ellas obtuve muy poco o ningún resultado: al menos comprobé que pasado el verano no quedaba ninguna señal de mi labor. Ya al frente de la escuela la directora, hube de encargarme de la clase de Castellano organizada en virtud del Decreto sobre bilingüismo: cuarenta niñas en total, desde párvulos hasta las de trece años, algunas de las cuales cursan primer año de Bachillerato. Una unitaria en la que encuentro múltiples inconvenientes, en que trabajo mucho y obtengo poco y que me obliga, a veces, a sentir nostálgico recuerdo de mi escuela de La Granja.

Qué más hice yo? Ciertamente lo expuesto no es ninguna novedad, pero cuando fuí a La Granja el último verano y acudieron a verme las niñas, cuando recibo cartas de las muchachas que convivieron conmigo durante seis años, que ya son mujercitas, y veo mezclados el respeto, la confianza y al cariño, creo fue esto lo mejor y llego a pensar no es tan poco como parece.

Barcelona 24 noviembre 1931

Enriqueta Castellanos [firmado y rubricado]



Enriqueta Castellanos en el Mar, con unos amigos. Archivo Enriqueta Castellanos.



Enriqueta Castellanos, con unos amigos, en el Último Pino. Archivo Enriqueta Castellanos.