domingo, 11 de diciembre de 2022

ANTONIO MACHADO EVOCA A PABLO IGLESIAS

El poeta Antonio Machado publicó con asiduidad en el periódico barcelonés La Vanguardia durante su estancia en Barcelona. Sus artículos se agrupan bajo el epígrafe "Desde el mirador de la guerra" y han sido reeditados recientemente con motivo de la incorporación de la ciudad catalana a la Red de ciudades machadianas.

Este no es, por tanto, un artículo poco conocido, pero, al coincidir con el 97 aniversario de la muerte del histórico dirigente socialista Pablo Iglesias, es una buena ocasión para recordarlo.

Machado hace un evocador recuerdo del socialista. Tan evocador como hermoso.

Pablo Iglesias en un mitin en 1910. Archivo ABC.


Homenaje a Pablo Iglesias en su aniversario. Extraida de internet.


Desde el mirador de la guerra

Lo que recuerdo yo de Pablo Iglesias

por ANTONIO MACHADO

Los que somos ya viejos y empezamos a vivir muy pronto evocamos hoy, como uno de los más decisivos recuerdos de nuestra infancia, la figura del compañero Iglesias -así se le llamaba entonces-, de aquel joven obrero de palabra ardiente, de elocuencia cordial. Era yo un niño de 13 años; Pablo Iglesias, un hombre en la plenitud de la vida. Recuerdo haberle oído hablar entonces -hacia 1880- en Madrid, probablemente un domingo (¿un Primero de Mayo?), acaso en los jardines del Buen Retiro. No respondo de la exactitud de estos datos, tal vez mal retenidos en la memoria. La memoria es infiel: no sólo borra y confunde, sino que, a veces, inventa, para desorientarnos. De lo único que puedo responder es de la emoción que en mi alma iban despertando las palabras encendidas de Pablo Iglesias. Al escucharle, hacía yo la única honda reflexión que sobre la oratoria puede hacer un niño: "Parece que es verdad lo que ese hombre dice". La voz de Pablo Iglesias tenía para mí el timbre inconfundible -e indefinible- de la verdad humana. Porque antes de Pablo Iglesias habían hablado otros oradores, tal vez más cultos, tal vez más enterados o de elocuencia más hábil, de los cuales sólo recuerdo que no hicieron en mí la menor impresión. Debo advertir que, aunque nacido y educado entre universitarios, nada habla en mi educación -digámoslo en loor de ella- que me inclinara a pensar que la palabra de un cajista había de ser necesariamente menos interesante que la autorizada por la sabiduría oficial. Quiero decir que no había en mí el menor asombro ante el hecho de que un tipógrafo hablase bien. La palabra es un don -pensaba yo entonces- que reparte Dios algo a capricho, y que no siempre coincide con el reparto de diplomas académicos que hacen los hombres. Para un niño, esto es una verdad muy clara. El tiempo se encarga de enturbiárnosla con múltiples reservas.

Lo cierto es que las palabras de Iglesias tenían para mí una autoridad, que el orador había conquistado con el fuego que en ellas ponía, y que implicaban una revelación muy profunda para el alma de un niño. De todo el discurso, en que sonaba muchas veces el nombre de Marx y el de algunos otros pensadores no menos ilustres, que no podía yo entonces valorar -hoy acaso tampoco-, sacaba yo esta ingenua conclusión infantil: «El mundo en que vivo está mucho peor de lo que yo creía. Mi propia existencia de señorito pobre reposa, al fin, sobre una injusticia. ¡Cuántas existencias más pobres que la mía hay en el mundo, que ni siquiera pueden aspirar, como yo aspiro, a entreabrir algún día, por la propia mano, las puertas de la cultura, de la gloria, de la riqueza misma! Todo mi caudal, ciertamente, está en mi fantasía, mas no por ello deja de ser un privilegio que se debe a la suerte que al mérito propio.

Mucho he pensado, durante mi vida, sobre esta primera meditación infantil, que debí a las palabras del compañero Iglesias.

Hace muy poco tiempo, un año antes de estallar la rebelión militar, Ilya Ehrenburg, nuestro fraterno amigo, me recitaba en Madrid las coplas de Don Jorge Manrique, que él había traducido al ruso y que yo sabía de memoria en castellano. Muy bien sonaban en la lengua de Tolstoi, y en labios de Ehrenburg, aquello de

nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir;


Y aquello otro de


allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

allegados, son iguales:

los que viven por sus manos

y los ricos.

Y una reflexión escéptica de muy honda raíz en mi alma, porque arrancaba de otra reflexión infantil , acudía a mi mente. Si los ricos y los que vivimos por nuestras manos -o por nuestras cabezas- somos iguales, allegados a la mar del morir, y el viaje es tan corto, acaso no vale la pena de pelear en el camino. Pero la voz de Ehrenburg me evocaba, también por su vehemencia, las palabras que Pablo Iglesias fulminaba contra las desigualdades del camino, sin mencionar siquiera su brevedad. Y aquella reflexión mía no llegó a formularse en la lengua francesa, que Ehrenburg y yo utilizábamos para entendernos. Porque, decididamente, el compañero Iglesias tenía razón, y el propio Manrique se la hubiera dado. La brevedad del camino en nada amengua el radio infinito de una injusticia, allí donde ésta aparece, nuestro deber es combatirla.

Hace ya algunos años que la voz de Pablo Iglesias ha enmudecido para siempre. Yo la oí por segunda y última vez la tarde en que pedíamos amnistía para los ilustres encarcelados de Cartagena. Llegados al monumento a Castelar, donde la manifestación debía disolverse, encaramado en el alto pedestal vimos aparecer a Pablo Iglesias, que nos dirigía la palabra. Las multitudes aplaudíamos. La voz del orador, algo parda y enronquecida, con aliento difícil de fuelle viejo, era todavía -para mí, al menos- la voz del compañero Iglesias, porque en ella aun vibraba aquel su acento inconfundible de humanidad auténtica.

Yo no sé si la voz de Pablo Iglesias se conserva fonográficamente. De todos modos, no seré quien lamente la ausencia de ese disco. Al fonógrafo, tan exacto para registrar lo cuantitativo, las relaciones de más y de menos en la voz humana, escapa siempre lo cualitativo, ce rien qui est tout, el timbre que distingue a unas voces de otras. Es la tragedia de la máquina, tan útil, tan necesaria: a ella se escapa lo vivo casi siempre; lo espiritual, nunca lo reproduce.

En cuanto a la voz de Pablo Iglesias, del compañero Iglesias, o, si queréis, del abuelo, yo prefiero escucharla en mi recuerdo o, mejor todavía, en labios de otros hombres no menos auténticos, no menos verdaderos, que aun nos hablan al corazón y a la inteligencia.

ANTONIO MACHADO

jueves, 10 de noviembre de 2022

PASIONARIA VISTA POR ANTONIO MACHADO

El periodo de la guerra de España (1936-1939) es la etapa de mayor compromiso político del poeta Antonio Machado.

Lejos quedan los alegres días en los que izó la bandera tricolor en el ayuntamiento de Segovia. La terrible guerra y sus derivadas hacen que Machado se implique en la defensa de la República.

Para ello escribe y colabora con distintas publicaciones.

Refrescamos la memoria del poeta con un artículo que firma en el periódico Frente Rojo, órgano de información del Partido Comunista, sobre la escultura que Victorio Macho hace de la dirigente comunista.

https://www.youtube.com/watch?v=fZEQK-XM-uU



El escultor Victorio Macho trabaja con Pasionaria. 1937.



Pasionaria, de Victorio Macho, 1937.

 


FRENTE ROJO, Valencia, 22 de septiembre de 1937


El Bronce de "Pasionaria" visto por Antonio Machado

"Es "Pasionaria", en ese bronce, por obra del genial Victorio Macho, lo que es ella misma en su vida ejemplar: una lección españolísima de dignidad y fuerza".

Con motivo de la Exposición del busto de "Pasionaria", esculpida por el primer escultor contemporáneo, Victorio Macho, nuestro gran poeta Antonio Machado ha escrito las siguientes cuartillas:

Entre las muchas pruebas de actividad fecunda que viene dando este organismo -la Casa de Cultura-, se nos ofrece hoy la exposición de la obra escultórica de nuestro gran Victorio Macho. Obra de circunstancias es ésta y, digámoslo en justo y supremo elogio de ellas, obra a la altura de las circunstancias. Todos sabemos que las circunstancias actuales son aquellas poco frecuentes en que un pueblo, un gran pueblo, tiene su vida puesta al tablero, lucha por su propia existencia, mantiene con firmeza y heroismo nunca igualados su derecho a continuar en la historia. Y en estos momentos, ¿qué cosa mejor puede hacer un artista que dejarnos en bronce, para siempre, la figura de "Pasionaria"? Perdonad que no añada muchos adjetivos, por respeto a la emoción casi religiosa que el solo nombre de "Pasionaria" ha de despertar necesariamente en nuestros corazones. ¿No es ella España, nuestra España en el trance actual: un éxtasis de suprema honradez y de supremo orgullo? Una emoción sagrada, en efecto, parece haber guiado las manos plasmadoras de Victorio Macho, para sacar del limo de la tierra esa figura santa de mujer, que hoy admiramos en el bronce, los brazos ceñidos al cuerpo y los puños cerrados en una tensión que no es precisamente de combate, sino de firme alerta, el pecho adelantado, la cabeza erguida y los ojos inmortales, ojos de estatua que no miran y enseñan a mirar, severamente enfocados hacia el porvenir. Es "Pasionaria" en ese bronce, por obra del genial Victorio Macho lo que es ella misma en su vida ejemplar: una lección españolísima de dignidad y fuerza, sin sombra de jactancia. Nada hay en ella -miradlo bien-, ni en su vestido ni en su gesto, que no nos revele la humilde obrera que ganó su pan con el esfuerzo de sus brazos: nada hay en ella, sin embrago -reparadlo también- que no imponga respeto, que no acuse la voluntad insondable, capaz de todas las hazañas y de todos los sacrificios. "España soy -nos dice "Pasionaria" en ese bronce, vuestra pobre España, traicionada, vendida, ultrajada, a solas con su destino, invadida y cercada por enemigos tan viles como poderosos, pero firme y serena, en paz con su conciencia. España soy -nos dice "Pasionaria" en ese bronce- alerta, vigilante, atenta sólo al porvenir de mis hijos. Podrán matarme: no me podrán quitar la razón de vivir.

Mi más cordial enhorabuena al autor de una gran escultura, digna de un gran modelo. Mi más sincera y respetuosa felicitación al Gobierno de nuestra gloriosa República, que tan poco tiempo ha tenido que esperar para ver cómo se van logrando los frutos de sus más valiosas iniciativas.

Antonio Machado

 

miércoles, 12 de octubre de 2022

EL MAKING OF DE WALTER REUTER

Las imágenes se conservan en el Centro Documental de la Memoria Histórica (Salamanca) y Biblioteca Nacional.


Un raro caso del trabajo del reportero gráfico que se ve reconocido desde el periódico donde publica. Sucedió durante la defensa de Madrid, en los primeros días de un noviembre de combates. Los protagonistas son el periódico Juventud. Diario de la juventud en armas, ligado a las Juventudes Socialistas Unificadas y el fotógrafo Walter Reuter.

El fotógrafo alemán formaba parte un de un grupo de fotógrafos que publicaban bajo el genérico Foto Juventud. En los días del ataque golpista a la capital Walter recorre el frente y es testigo directo de los combates. Su cobertura gráfica es correspondida por el periódico y el mismo día 7 de noviembre aparece la siguiente reseña en la página 2:


Juventud, 7 de noviembre de 1936, página completa y detalle. CDMH.

"Ayer por la mañana un pequeño destacamento fascista logró infiltrarse en el pueblo de Carabanchel Alto. Desde allí intentaron -apoyados por fuego de ametralladora y mortero- extenderse hasta nuestras posiciones del sector de Getafe.

Este grupo de milicianos hace fuego intenso sobre ellos, para impedir que logren sus propósitos. Dotados de un espíritu de combate ejemplar y de la serenidad que todos debemos tener en estos momentos decisivos, disparan certeramente contra el enemigo.

Las granadas de mortero estallan -constantes y próximas- tras ellos, pero nadie vuelve la cabeza. Solamente cuando Walter se echa su máquina a la cara alguno deja de tirar, porque "quiere salir en JUVENTUD retratado". Uno de ellos -como puede observarse- se pone de pie para disparar. Las balas silban, incesantes y nutridas, junto a su cabeza, pero él dice que así hace mejor la puntería y hay que dejarle por imposible. Así -serenos y audaces- contuvieron estos milicianos la maniobra enemiga. En la guerra, diez valientes valen más que mil cobardes. En este grupo de la fotografía los hombres son valientes. Y lo son con naturalidad, permitiéndose el lujo de "posar" en pleno fuego. Es así -con esta moral- como se debe combatir y como se vence. Con el espíritu de estos hombres, la victoria estará con nosotros. Si no, no la mereceremos".

(Foto Walter.)

En copia de época la fotografía publicada:

 

BNE. Foto Walter Reuter, 7 de noviembre de 1936.

Días después el reconocimiento del periódico no viene ligado a la inmediatez de los acontecimientos, sino que da cabida al análisis fotográfico, señalando la forma en que se tomó la instantánea. No se cita al autor dando el mérito a los fotógrafos de Juventud.

Juventud, 30 noviembre de 1936. Portada y detalle. CDMH.

Y la fotografía, en copia de época, que se conserva manuscrita por el propio fotógrafo.


Casa de labor, Casa de campo, noviembre de 1936. Foto Walter. BNE.

martes, 24 de mayo de 2022

LA BATALLA DE LA GRANJA VISTA POR MARINA

En el clarear del día 30 de mayo de 1937 las tropas republicanas intentan aliviar la presión del frente del Norte con una ofensiva en los pinares de Valsaín, con la intención de amenazar la ciudad de Segovia.

El pinar de Valsaín se convierte en escenario de guerra donde se concentran los fotógrafos gracias a su cercanía a Madrid. Uno de ellos, enviado como reportero gráfico por el diario Ahora, en la órbita de las JSU, es el fotógrafo Mariano Marina de Pablo.

Poco se sabe del fotógrafo Marina. Nacido en la provincia de Soria en 1911 se instala en Madrid como fotógrafo y colabora con la agencia Contreras y Vilaseca. Publica en las revistas Ahora desde 1932 y Estampa desde 1933. Durante la guerra se convierte en un asiduo de Ahora en donde firma numerosas portadas, coincidiendo con el fotógrafo alemán Walter Reuter, que influirá en su estilo fotográfico. Se pierde su pista al final de la guerra.

Estas son sus fotografías de la ofensiva segoviana. A la vista de las situaciones que fotografía se puede afirmar que coincidió durante el reportaje con la fotógrafa Gerda Taro.



Portada de Ahora de 4 de junio de 1937. Foto Marina. Hemeroteca Digital BNE.


Tropas republicanas avanzando en el pinar. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Tropas republicanas avanzando en el pinar. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Un enlace a caballo conversa con un soldado. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Camión transportando tropas republicanas. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Camión transportando tropas republicanas. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Tendiendo líneas telefónicas. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Cocina de campaña. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Unos soldados se protegen pegados a los árboles durante una incursión de la aviación enemiga. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Un tanque T-26 durante un descanso. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


El enlace motorizado Vicente Fernández. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.


Dos tanques T-26 avanzan hacia la casa forestal de los Sanleonardos. Valsaín, primeros de junio de 1937. Foto Marina. PARES.

miércoles, 30 de marzo de 2022

SOÑANDO POEMAS CON MIGUEL HERNÁNDEZ

 

Con motivo del 80 aniversario de la muerte del poeta Miguel Hernández nos sumamos a su recuerdo presentando una fotografía del poeta.

Forma parte de un conjunto de negativos deteriorados, contenidos en el Fondo Guillermo Fernández Zúñiga, que la Filmoteca Española restauró. El trabajo de la conservadora Trinidad del Río permitió salvar este negativo, que presentaba un elevado deterioro.

Su puesta a punto con tratamiento digital corre a cargo de Alfredo Moreno, investigador del proyecto de recuperación del Fondo Guillermo Fernández Zúñiga.



El poeta Miguel Hernández soñando poemas mientras escucha con atención el discurso inaugural del II Congreso de escritores en defensa de la Cultura. Ayuntamiento de Valencia, mañana del 4 de julio de 1937.

El autor de la fotografía es el alemán Walter Reuter, que cubre las sesiones del Congreso para el Comisariado de Propaganda y que le retrata en varias ocasiones.

En recuerdo. Miguel Hernández (1910-1942).