viernes, 29 de abril de 2016

LA VIDA ALREDEDOR DEL ACUEDUCTO


Fotografías ofrecidas por el IPCE (Instituto del Patrimonio Cultural de España), del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
El archivo Wunderlich se encuentra depositado en el IPCE y su difusión tiene objetivos culturales, no económicos.

La digitalización completa del archivo Wunderlich en el IPCE ha incorporado más de 150 imágenes inéditas a las ya conocidas de sus estancias en Segovia.

Este nuevo material permite descubrir aspectos nuevos de su obra segoviana como el mercado de ganado y nos deja intuir que su estancia en Segovia fue más larga de lo que sus fotos conocidas parecían indicarnos. La variedad de lugares que visita y de situaciones se corresponde con una visita de varios días.

De entre este material destacamos su trabajo sobre el acueducto segoviano que abarca 30 imágenes.

Wunderlich lo retrata desde todas sus perspectivas y encuadres habituales y se preocupa por mostrarlo integrado en la ciudad. Desde la calle Real apenas se ven tres arcos mientras que el vendedor de pavos protagoniza la imagen. De parecido concepto son las tomas desde la cuesta de San Juan y la calle San Francisco.

Uno de los aciertos del fotógrafo es reconocer la importancia del monumento en la vida de la ciudad. Es un punto neurálgico de la ciudad, con sus mercados, sus negocios, el trasiego de carros y caballerías y conserva el aroma de punto de llegada de las gentes de los pueblos.

Y esa mirada curiosa consigue retratar la esencia de Segovia en una de sus imágenes de los pastores, la última que cierra el reportaje: un pastor de perfil, un rebaño de ovejas desenfocado y unos sillares apenas esbozados.

Una imagen sencilla, de pocos elementos visuales y, a la vez, una de las mejores del monumento segoviano.




El acueducto de Segovia. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Las torres de las iglesias de San Justo y Salvador. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Las torres de las iglesias de San Justo y Salvador Gitanas. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Mercado en la plaza Oriental. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Mercado en el Azoguejo. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Mercado en el Azoguejo. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.


Puestos del mercado. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Puesto de cerámica del mercado. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Puesto de cerámica del mercado. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Carros al pie del acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Carros al pie del acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Carros al pie del acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Carros al pie del acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.


Carros al pie del acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Acueducto desde la cuesta de San Juan. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



El acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Potro de herrar cercano al acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Potro de herrar cercano al acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Rebaños de ovejas y acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



El acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



El acueducto desde la calle Real con vendedor de pavos. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



El acueducto desde la calle San Francisco. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Carro y acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Acueducto y carro. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Rebaños de ovejas al pie del acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Pastor y ovejas. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.


Pastores. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.



Pastor, ovejas y acueducto. Archivo Wunderlich. Otto Wunderlich. Años 1920-1930. IPCE.

TARDES DE VERANO EN UN CLUB CENTENARIO: EL TIRO DE PICHÓN


El archivo fotográfico del Conde de Albiz es de carácter privado y está ubicado en La Granja de San Ildefonso. La condesa viuda de Albiz ha permitido la difusión de estas fotografías con fines exclusivamente culturales.

Los primeros años del siglo XX van a ser testigos de un hecho fundamental en la vida de la colonia de verano del Real Sitio. Coincidiendo con la mayoría de edad de Alfonso XIII, un grupo de entusiastas, encabezados por el conde de Albiz, constituyen la Sociedad de Tiro de Pichón del Real Sitio de San Ildefonso. El Patrimonio cede unos terrenos situados al borde de la llamada Casa de la Mata para la instalación de un campo de tiro, dos pistas de lawn-tennis, una pista de skating y una cantina, que será la sede social de la sociedad.

Los estatutos de la Sociedad, aprobados el año 1903, nombran a S.M. Alfonso XIII presidente honorario, a S.A.R. el Príncipe de Asturias vicepresidente, y a S.A. la infanta Isabel protectora de la Sociedad. La primera Junta Directiva de su ya larga historia la constituyen el Excmo. Conde de Albiz como presidente, El Sr. D. Basilio Avial, vicepresidente, el Sr. D. Juan Drumen como director de tiro y el Excmo. Sr. Conde de Cazal como tesorero.

A destacar su campo para la práctica del golf, de ocho hoyos, primero de su clase que se construyó en la Península.

El club se convirtió en el punto de reunión de la colonia de verano, desplazando al Medio Punto y a los jardines de Palacio. Las instalaciones incluían una pista de skating, donde se celebraban magníficos bailes, muchos de ellos presididos por la infanta Isabel. Alfonso XIII, muy aficionado a los deportes, practicaba con frecuencia el golf y el tenis (ver la entrada de Alfonso XIII y los sports), y asistía a las numerosas tiradas de pichón que se organizaban. 

Una espaciosa y cómoda tribuna permitía a los espectadores disfrutar de las tiradas. Las instalaciones se completaban con un pequeño ambigú y unos cómodos vestuarios.

En 1907 el monarca concedió al club el título de Real, pasando a donominarse Real Club de Tiro de Pichón. En su escudo, depositado largo tiempo en el Blas Club se puede ver la cabeza de un caballo, la silueta de los Siete Picos y la leyenda "Sube al Blas y te la darás".
Una plantilla de diez personas ayudaba en las diferentes tareas: servían de caddies en los recorridos de golf, de recogepelotas en los partidos de tenis, abrían las cajas de los pichones en las tiradas o atendían el palomar.



Alfonso XIII en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Competición en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Corro a la sombra en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Vista general del Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



La tarde de verano en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Vestuarios del Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Plantilla de ayudantes del Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Plantilla de ayudantes del Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Plantilla de ayudantes del Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



El ambigú. La  Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Grupo de tenistas en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Tarde de verano en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Tarde de verano en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Grupo de tenistas en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.



Golfista en el Club de Campo "El Tiro". La Granja, 1907. Archivo Conde de Albiz.




Jugadores de golf en el hoyo nº 3. La Granja, hacia 1905. Archivo Conde de Albiz.

martes, 29 de marzo de 2016

¡RECUPERADO EL DIBUJO ORIGINAL DE LA PORTADA DE ESTAMPAS DE ALDEA!


Otra buena noticia viene a sumarse al proyecto de reedición de Estampas de aldea con motivo del ochenta aniversario de su publicación.

En el domicilio de un familiar de Cobos ha aparecido el dibujo original de la portada de Estampas de aldea, obra del artista e ilustrador Miguel Prieto.

Curiosamente, y gracias al libro de contabilidad de Estampas, sabemos que el 5 de diciembre de 1934, Pablo de Andrés Cobos pagó 150 pesetas a Prieto por 12 dibujos y la portada.

La elección de Prieto como ilustrador de Estampas de aldea fue una apuesta arriesgada del maestro Cobos, que quiso dar a sus Estampas un aire moderno, innovador, y en cierta medida, rupturista.

El dibujo conserva anotaciones de cara a su reproducción como portada y podemos comprobar las ligeras correcciones que se realizaron.



Dibujo de la portada original de Estampas de aldea. Miguel Prieto, 1934.


Detalle del dibujo original con indicaciones. Miguel Prieto, 1934.



Portada definitiva de Estampas de aldea. Ed. revista Escuelas de España.



Libro contabilidad de Estampas de aldea, 1935. Archivo Enriqueta Castellanos.


Ilustración Tío Catite. Miguel Prieto para Estampas de aldea, 1934.



Ilustración El dia de la boda. Miguel Prieto para Estampas de aldea, 1934.




Para conocer más a Miguel Prieto os presentamos una biografía extraída de internet. Al final hay un enlace para acceder a una galería de su obra. Recomendamos su lectura y visionado.

Miguel Prieto es uno de los artistas más interesantes de las vanguardias históricas en España. Trabajó entre el surrealismo y el realismo social, y participó del dinamismo cultural que se generó en la II República española.

Miguel Prieto Anguita nació en 1907 en Almodóvar del Campo, Ciudad Real. Hijo de Isidro Prieto Santos y de Sofía Anguita Romero, su infancia la pasó en Almodóvar. Como otros artistas del siglo XX, su formación inicial es autodidacta, se siente influenciado e imita manifestaciones artísticas de su época y recurre al arte religioso. Con quince años, en 1922, deja el colegio y empieza a trabajar en Puertollano con Manuel Santo (primo de su padre), quien le inicia en el mundo de la escultura y la pintura. Sería un paso decisivo hacia su vocación y que en los últimos años se manifestaba. Con diecisiete años se traslada a Madrid e ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde pasaría a los estudios de Victorio Macho, del escultor Julio Prat y Julio Moisés, para completar su formación.

La dificultad de conseguir medios económicos hace que Miguel Prieto piense en solicitar algún tipo de ayuda por parte de las instituciones político-administrativas. Y es en el año 1926 cuando consigue una pensión de la Diputación Provincial de Ciudad Real, gracias a una copia del cuadro de Juan Antonio Benlliure “Por la patria”.

Reside en Madrid, pero el apego a su ciudad natal hace que todos los veranos vuelva a su casa paterna. En el verano de 1928 colabora en “El Pueblo Manchego”, un medio de comunicación impreso, dando a conocer su obra en la sección “Nuestros pintores”, donde ilustra personalidades del mundo de la música.

Debido a la continua participación y el interés que origina Miguel Prieto, lo valoran como joven promesa.

En un número extraordinario que saca “El Pueblo Manchego” en la Semana Santa de 1930 salen ilustrados sus dibujos de “La Oración del Huerto” y “El Descendimiento”.

En 1931, con 24-25 años, tres acontecimientos van a destacar la nueva etapa artística y vital del artista: en primavera, la llegada de la II República le crea ideologías hacia oposiciones de izquierda y hacia el marxismo; en otoño contrae matrimonio con Ángela Ruiz Jiménez, favoreciendo su estabilidad emocional; y a finales de ese mismo año empieza a preparar una exposición, donde muestra su madurez pictórica, en el Ateneo de Madrid.

A principios de 1932, expone individualmente en el Ateneo de Madrid; el éxito de público y de la crítica fue un gran impulso en su trayectoria. A partir de ahí se convirtió en un pionero del arte nuevo.

Juan de la Encina, desde el diario “El Sol” en su célebre columna de crítica artística le dedica un largo artículo a modo de carta diciendo:

“Entre los jóvenes que están desfilando por el saloncillo del Ateneo quiero citar hoy a un muchacho –Prieto Anguita-, que poco habrá rebasado de la veintena. Sus obras, como es ley de tal edad, están muy en agraz; pero al mismo tiempo revelan firme viento de porvenir. 

Yo creo que estamos en presencia de un futuro pintor armado de todas las armas. Color, dibujo rítmico, arte de la composición, sentido del volumen, humor y patetismo, según los casos, es lo que dan, al que sepa ver, sus obras primerizas. (…) Me interesa, pues por encima de ese tejido natural de influencias, lo que Prieto Anguita trae de su propia personalidad, y yo creo que es mucho”.

Realiza exposiciones en Madrid y comienza, como miembro del Partido Comunista, una militancia dentro de los denominados artistas revolucionarios –el arte debe servir a las masas-, donde tiene por compañeros a Emilio Prados, Alberti, Luis Cernuda…, entre otros. 

En su actividad durante estos años participa en la revista “Octubre”, dirigida por Rafael Alberti, como el responsable del guiñol de ésta, para la que hace títeres y decorados.

En 1934 colabora en el estreno del “Retablillo de Don Cristóbal”, de Federico García Lorca, y al año siguiente, con la ayuda de éste, crea el guiñol “La Tarumba”, representa la misma obra mencionada anteriormente y donde actuaba en el frente haciendo representaciones para los soldados.

Ilustra revistas de creación tan simbólicas como “Sur” y “El Tiempo Presente. Problemas de la nueva Cultura”.

Son años de formación y de búsqueda de estilo propio y desde los inicios en su estancia en Madrid entra en contacto con dos formas de entender el arte: por un lado, el arte burgués (impresionismo, positivismo, arte decorativo), y por otro, un ambiente renovador de las artes que se imponen cada vez más. En 1924, a través de la prensa, llegan las primeras noticias sobre el surrealismo francés; en 1925 Ortega y Gasset publica la “Deshumanización del Arte”, Guillermo de la Torre “Literaturas Europeas de Vanguardia” y en mayo uno de los mayores acontecimientos vanguardistas: la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos en el Palacio del Retiro, y todo esto no pasó inadvertido para Miguel Prieto.

En sus primeras obras buscaba la precisión del dibujo, el volumen de la figura, los valores de la luz, la pericia de la pincelada de toque rápido y la composición equilibrada. En su maduración va asimilando nuevas influencias y enfoques y se va decantando por nuevas formas de expresión con cierto dominio del arte primitivo y de volúmenes simplificados. A través de Victorio Macho se ubica hacia posiciones neocubistas muy cercanas a Picasso.
En los años treinta Miguel Prieto abarca las formas surrealistas, unifica lo racional y lo irracional. Junto con Rodríguez Luna fue uno de los pintores surrealistas más atrayentes del momento.

Su esfuerzo como pintor fue arriesgado y duro, su ideal artístico iba más allá del concepto del arte aceptado por la mayoría (objeto de decoración y de compra-venta) y propone un arte para la renovación social, su defensa de lo nuevo frente a lo viejo.

Al comienzo de la guerra civil ingresa en la Alianza de Intelectuales Antifascistas con Alberto, Bergamín, León Felipe y otros tantos.

Desde el comienzo de la guerra civil defiende con energía la causa de la República, realiza visitas al frente, donde organiza secciones de propaganda y prensa, ilustra las revistas de la Asociación de Intelectuales como “El Mono Azul” y crea “El Buque Rojo”, “Ejército del Ebro”, etc.

Es nombrado miembro del Consejo Central de Teatros y en 1937 “La Tarumba” actúa en el frente representando obras de Lorca y de Alberti. Viaja a la URSS con Miguel Hernández y Cipriano Rivas Cherif. Durante la guerra publica libros de dibujos como “Los dibujantes” o “Llanto en la sangre”, de Emilio Prados, exponiendo algunos, dentro del Pabellón Español, en la Exposición Internacional de París de 1937. Es nombrado miembro del Consejo Central del Teatro, presidido por Antonio Machado. En 1938 se traslada a Barcelona con el Gobierno de la República, y en los últimos momentos de la contienda bélica se encargaba del diseño del Extraordinario de Operaciones de Ejército del Ebro.

Acabada la guerra civil sale de España por la frontera francesa y sufre la encarcelación en un campo de concentración francés. En 1939, como otros muchos intelectuales y personas del mundo de la cultura, se traslada a México, donde colabora con Siqueiros en el mural del Sindicato de Electricistas y trabaja desde 1940 y hasta su muerte en diseño gráfico, pintura, escenografía, ilustración y edición de libros.

En su estancia en México (1940) se encarga del diseño gráfico e ilustración de la revista popular hispanoamericana, dirigida por el poeta Juan Rejano, “Romance” también heredaba de “Letras de México” y “El Hijo Pródigo”. Trabajó con Fernando Benítez en el suplemento cultural del diario “Novedades” con el cargo de director técnico y artístico.

En 1944 ilustra “Litoral” y otras publicaciones como “La Esfinge mestiza”, de Juan Lejano o “La Celestina”, de la editorial Leyenda. Todo esto reunió los afanes y sentidos de una cultura universal que cuajaría sin duda en el único ejemplar de “Ultramar” (1947).

En 1947 es nombrado responsable de las publicaciones del Instituto Nacional de Bellas Artes, en todos los impresos aparecían letras hechas a mano con mucha precisión. En 1948 expone en el Museo Nacional de Artes Plásticas de México; en 1952 participa en la Primera Exposición Conjunta de Artistas Plásticos Mexicanos y Españoles Residentes en México.

La impresión gráfica de Miguel Prieto, es indiscutible. Una de sus mayores obras es, sin duda, la edición de lujo de “Canto general” (1950), de Pablo Neruda, de la que se sentía especialmente orgulloso. En ella adecuó los medios puramente tipográficos a las necesidades del poema. Hoy esta obra se ha convertido en una joya bibliográfica.

Obra singular de Prieto es el mural pintado en uno de los pabellones del observatorio de Tonanzintla. El escritor Juan Rejano define esta obra como “la concepción poética del hombre” y hablaba de “la sustancia lírica capaz de transmutar en imágenes todo lo que toca”.

Muere de forma repentina en 1956 y se le tributó un homenaje en el Museo Nacional de Artes Plásticas. Sus restos descansan en el cementerio español de México D.F.

La obra de Miguel Prieto está considerada como una de las más importantes, por su calidad, de las vanguardias españolas de principios del siglo XX, aunque no ha tenido, al contrario de otros artistas, difusión en su tierra.

Miguel Prieto es un artista muy querido en México. Desde que murió son constantes los homenajes y estudios en los que podemos destacar un Exposición Homenaje del Ateneo Español de México (1957); otro homenaje en el Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil de México (1996) y una edición titulada “Miguel Prieto”, diseño gráfico que recoge estudios de distintos autores y coetáneos.

GALERÍA DE OBRA DE MIGUEL PRIETO

http://s898.photobucket.com/user/visualplus/media/Miguel%20Prieto/espigadoras_Prieto_1937-1.jpg.html